Emilio Scotto and the Motorcycle That Carried Him Around the World


Todos los años, del 15 de septiembre al 15 de octubre, el Mes de la Herencia Hispana reconoce las historias, culturas y contribuciones de personas con raíces en España, México, el Caribe, Centroamérica y Sudamérica.

En Luck & Spite Moto quisimos celebrarlo con una historia sobre dos ruedas.

Esta es la historia de Emilio Scotto, un motociclista argentino que salió de Buenos Aires con una moto, unos cientos de dólares y un plan tan poco razonable que se volvió legendario.

Un gran sueño y la moto equivocada

En enero de 1985, Scotto partió de Argentina para dar la vuelta al mundo. Según se cuenta, vendió casi todo lo que poseía y comenzó el viaje con solo 306 dólares. No tenía equipo de apoyo, campaña en redes sociales cuidadosamente organizada ni GPS moderno que le indicara la próxima gasolinera.

Lo que sí tenía era una Honda Gold Wing GL1100 Interstate de 1980.

Hoy, quienes viajan a regiones remotas suelen elegir una moto de aventura diseñada para ese fin. Scotto eligió una enorme moto de turismo, más apropiada para largas autopistas que para barcos fluviales, desiertos, senderos selváticos y caminos destrozados. La llamó la Princesa Negra.

No debería haber funcionado.

Al parecer, eso no bastó para detenerlo.

Diez años en la carretera

El viaje de Scotto duró del 17 de enero de 1985 al 2 de abril de 1995. Guinness World Records le atribuye más de 735.000 kilómetros, o 457.000 millas, por 214 países y territorios. Como no regresó a Argentina hasta terminar el viaje, Guinness clasifica toda la década como un único recorrido continuo en motocicleta.

Las cifras oficiales son difíciles de imaginar. Recorrió una distancia aproximadamente equivalente a más de dieciocho vueltas a la Tierra.

El camino detrás de esos números no fue sencillo.

Cuando Scotto llegó al Amazonas, le dijeron que la selva era intransitable por carretera. Dar media vuelta habría supuesto un desvío enorme. En vez de eso, encontró un barco fluvial y subió a bordo la Gold Wing.

Condujo por Nicaragua durante una guerra civil. Cruzó el Sáhara, donde una tormenta de arena, según se cuenta, lo derribó de la moto y sepultó buena parte de ella. En Bangladés, una avería del eje de transmisión lo dejó varado hasta que un camionero lo ayudó a transportar la moto a Daca. En la fábrica de Honda en Japón, la maltrecha Gold Wing recibió una reconstrucción importante antes de seguir adelante.

Le robaron, lo detuvieron, quedó varado y se quedó sin dinero una y otra vez. También encontró desconocidos que repararon neumáticos, compartieron comida, abrieron sus casas y lo ayudaron a avanzar hacia la siguiente frontera.

El viaje no fue enteramente en solitario. Monica Pino se unió a Scotto en la India, donde se casaron en 1991. Viajó con él durante los últimos años de la travesía.

Según un relato publicado originalmente por la revista Red Rider de Honda, la Princesa Negra gastó 86 neumáticos y un motor de repuesto. Eso no es un calendario de mantenimiento: es una biografía mecánica.

Más que un récord

Es fácil reducir el logro de Scotto a distancias, fechas y sellos de pasaporte. Pero no son solo los récords lo que hace memorable su historia.

Comenzó como un soñador argentino que nunca había salido de su país. Se fue sin el dinero, el equipo ni los contactos que cualquiera consideraría necesarios para semejante viaje. Regresó más de diez años después, tras cruzar fronteras, culturas, climas y sistemas políticos en la misma motocicleta.

Su historia también nos recuerda que la herencia hispana no es una sola experiencia ni un solo lugar. Abarca continentes e incluye exploradores, constructores, trabajadores, artistas, rebeldes, pilotos y personas corrientes con la obstinación suficiente para seguir una idea extraordinaria.

La herencia no es algo encerrado tras una vitrina de museo. Vive en los riesgos que asumimos, las historias que llevamos y los caminos que dejamos abiertos para quienes vienen después.

La lección de Luck & Spite

Las motos siempre han atraído a quienes no esperan condiciones perfectas. Scotto no tenía el presupuesto ideal, la máquina adecuada ni garantía alguna de que el camino colaboraría.

Fue de todos modos.

Tal vez esa sea la mejor manera de honrar una historia como la suya: reconocer el impulso humano y obstinado que hay detrás del viaje, sin convertirlo en un héroe sin defectos. El deseo de descubrir lo que hay más allá de lo conocido. La negativa a dejar que los recursos limitados reduzcan una idea sin límites. La convicción de que el mundo se entiende mejor cuando lo conocemos cara a cara.

Durante el Mes de la Herencia Hispana celebramos a Emilio Scotto, de Buenos Aires, y a la Princesa Negra, aquella vieja Gold Wing que lo llevó más lejos de lo que cualquier persona sensata le habría pedido.

Algunos viajes empiezan con un plan perfecto.

Los más memorables suelen empezar con valentía.

Fuentes

#MesDeLaHerenciaHispana #EmilioScotto #HistoriaMotera

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